Cumpleaños y sus derivados


Hoy es cumpleaños de mi hija. ¡Cumple 8!

Le celebramos una pequeña fiesta en su salón con sus amigos y compañeros de clase. Curiosamente, no nos dejaron entrar para ayudar a la maestra con el refresco, el pastel y los sandwiches, mucho menos para tomar alguna foto o video, y eso que las fiestas son a la hora del recreo. Por lo menos me dieron permiso de dejar mi cámara (ojalá la sepan manejar y no descomponérmela) para que ella y su maestra tomen algunas fotos.

En fin, nos tocará hacerle otra reunión hoy mismo por la noche en casa de sus abuelitos (mis papás), y a la misma vendrán -espero- sus otros abuelitos y sus primos y primas. Espero que se la pase muy bien, porque tiene esperando esta fiesta ¡desde hace 2 meses! Los niños son bastante desesperados, al igual que muchos de nosotros ya adultos.

Aún recuerdo cuando ella nació, una “bolita de carne” de casi 4.5 kilos, y 54 cm, todo un suceso para nosotros. Estaba tan “cachetona” que prácticamente no podía levantar su cabeza, y así duró al menos 2 meses. La suerte es que era (y es) bastante fuerte y poco a poco lo logró. Si alguien ha visto al monito blanco (que parece inflado) que anuncia cierta marca de llantas, prácticamente mi hija estaba igual; a la fecha eso aún no lo olvidamos. Su peso y talla están justificados si menciono que mi esposa mide 1.76 y yo 1.93, je.

Poco a poco ha ido creciendo y ella lo ha hecho tanto en tamaño (ahora mide cerca de 1.45) como en inteligencia (en la escuela le “diagnosticaron” 2 años de adelanto intelectual). Por supuesto le falta mucho por aprender, pero no hay ninguna prisa. No quiero tener una Marie Curie o una Madre Teresa en lugar de una hija.

Quiero que disfrute a más no poder su infancia, quiero tener la paciencia de Job para poder sobrellevar sus desplantes y arranques, quiero tener la fuerza de Sansón para poder cargarla para llevarla a dormir cuando el sueño la venza, quiero tener la sabiduría de Salomón para poder comprenderla y guiarla por el camino de la vida. Quiero tantas cosas para ella que prácticamente no me alcanzaría todo el tiempo del mundo para decírselo ni para hacérselo sentir.

¡Feliz cumpleaños, María Fernanda!

Caramba. Quisiera ser niño nuevamente pero, como sé que físicamente eso es imposible, mejor intento mantenerme niño mentalmente para no hacer que ella (y mis otros dos hijos) se vuelva un adulto pequeño.

En mi muy personal opinión, el hecho de tratar que un niño se comporte como lo que no es me parece extremadamente debatible, cuando no irracional. Debemos cuidar que los niños se mantengan así tanto tiempo como sea posible. Su ingenuidad e inocencia deben estar ahí hasta que ellos descubran por si mismos (o cuando sus padres responsablemente lo consideren necesario) la realidad del mundo. ¿Cuántos de nosotros (yo tengo 35 años ahora) teníamos “novia” o “novio” a los 12 años? ¿Cuántas niñas embarazadas vemos ahora de 14 o 15 años? ¿Cuántos niños vemos ahora hablando de sexo o drogas a los 14 o 15 años? ¿Se ha perdido esa inocencia? ¿Por qué? Yo no lo sé y por eso pregunto.

Probablemente siga ampliando esta entrega porque creo que es un tema bastante amplio e importante como para dejarlo solamente así.

Cualquier comentario es bienvenido.


Acerca de Arturo Barajas

Ingeniero en sistemas por elección, geek por convicción. Fan de la literatura fantástica y de ciencia ficción, de la música rock y de la tecnología en general.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.