…en la vida de mi hijo más pequeño. Hoy le celebramos su tercer cumpleaños (aunque en realidad fue ayer, 17 de septiembre).
Sí, ya sé, prácticamente nadie lo conoce, pero no por eso es menos importante. Baste decir que cuando nació nunca pensamos realmente que llegara siquiera al primer cumpleaños, por no decir a su primera semana, su primer mes… Mi hijo fue (y seguirá siendo) prematuro. Nació de 23 o 24 semanas (apenas cumplidos los seis meses de embarazo).
Fue una prueba muy dura para todos en mi familia. Para mi esposa, porque desde el primer mes tuvo amenaza de aborto. Para mis otros hijos, porque prácticamente no contaban con padres en esos momentos (y aún hoy lo seguimos “pagando”). Para mi, porque realmente puso una prueba en mi paciencia y en mi temple. Es difícil tratar de ser la columna “principal” cuando una familia está a punto de desmoronarse anímicamente, y no tienes la oportunidad siquiera de mostrar todos tus sentimientos.
Aún hoy veo en retrospectiva esos días de incertidumbre, de no saber si sobreviviría un día más, de si sus pulmones resistirían, de si su estómago recibiría la comida, de si no le quedarían secuelas (tuvo incluso un derrame cerebral de grado 3, que de algún modo absorbió completamente)…
Hoy, pienso que los niños son un milagro. Que nosotros mismos y nuestros padres y sus padres fuimos un milagro también, cada quién en su momento. No sé si es un milagro de Dios (no soy particularmente religioso), un milagro médico (me inclino más por este último) o simplemente la tenacidad de una vida por continuar.
Tengo muy grabada una frase (algunos pensarán que es un cliché) que es dicha por Jeff Goldblum en su papel de “Ian Malcolm” en “Jurassic Park“: “Life will find a way…” y realmente no hay nada más cierto en estos casos.
Es curioso hasta qué nivel pueden llegar a darse las cosas. Hoy, lo veo jugar, caerse, levantarse, queriendo ser independiente a su edad (je, nadie sabe lo que tiene…), hablar, razonar. Pero lo que más gusto me da es que le hice una promesa y de alguna manera él mismo me ayuda a cumplirla. Cuando nos lo entregaron finalmente (después de 2-3 meses de estar internado en el IMSS) le prometí que yo sería siempre lo último que él vería antes de dormir, que yo quería siempre verlo cerrar sus ojos e irse al país de los sueños antes de irme yo, y él cada noche me pide -no, más bien me exige– dejar de hacer lo que estoy haciendo para dormirse conmigo. A veces no me es posible, pero tampoco me siento mal por eso. Sé que él sabe que ahí estoy y ahí estaré.
Siempre.
¡Feliz Cumpleaños, Marco Iván!
