Pues ayer fuimos a la feria local, por fin. No habíamos ido en las dos semanas que dura tanto por falta de dinero como por falta de tiempo.
Total, que vamos y subimos a mis hijos a un par de juegos. Después, mi esposa intenta subirse a otro junto con mi hija y ¡sorpresa! Una placa del suelo del juego estaba media suelta por no sé qué artes y abajo fue a dar. Una caída de casi 1.60m. Tuvo que intervenir la Cruz Roja y los bomberos voluntarios para sacarla de ahí. Fue todo un problema, porque tenía a mis 3 hijos conmigo y no sabía si estar con ellos o con mi esposa. Por suerte, una familia muy amablemente nos ayudó a tranquilizar a mis hijos, así como cuidarlos unos minutos. ¡Gracias, quienes quiera que fueran! Demostraron que aún existe la fraternidad y la humanidad (cosa que nunca he puesto en duda).
Por lo demás, mi hermano también estaba en las inmediaciones y también acudió al “rescate”. Se llevó a mis hijos a dormir con mis papás para que no se sintieran tan mal.
Curiosamente, no faltaron los mirones que en cuanto vieron que algo sucedía detrás de uno de los juegos, inmediatamente fueron a ver y fisgonear qué era lo que pasaba. Uno de los agentes del orden que estaba ahí mismo les pidió amablemente que si no eran parientes o algo de mi esposa, que por favor se retiraran, lo cual hicieron aunque de muy mala gana. Ah, qué gente. Son los típicos que detienen el tráfico cuando hay un accidente, solo por el morbo de ver qué pasó o si hubo algún muertito.
También apareció el responsable de los juegos mecánicos, el cual se portó a la altura y también le agradezco mucho las atenciones que tuvo hacia con nosotros. Por un lado, no era para menos, ya que la publicidad negativa puede ser desastrosa, y por el otro, realmente me asombró -nuevamente- la manera como tomó las cosas.
Total, que mi esposa pasó la noche en el hospital de nuestra elección, con los gastos pagados por este buen amigo de los juegos (incluso las medicinas), quien además de todo nos regaló entradas para los juegos, las cuales no siento que sean para “comprarnos” ni mucho menos. Lo sentí más bien como una compensación extra por lo que había sucedido.
Gracias a todos los que estuvieron de una manera u otra involucrados con esta situación, porque me hacen pensar que aún cuando las desgracias suceden, siempre hay gente dispuesta a ayudar.
