Bendito sea Dios, has llegado a los 9. Me da gusto y a la vez me sorprende. También me causa temor.
¿Que por qué?
- Gusto, obviamente por ti, que ya quieres crecer, sentirte grande e independiente. Te vas formando una imagen de lo que quieres ser y a dónde quieres llegar.
- Me sorprende, porque ¡cómo has crecido! Aún recuerdo a aquella bebé Michelin, muy adelantada para su edad, inteligentísima…
- Me causa temor, precisamente por los dos puntos anteriores. ¡Mi niña está creciendo! ¿Estaré envejeciendo? Esto último no me importa, mientras tú me sigas viendo como tu papá.
En fin, alguna vez comenté que han sido unos días, semanas y meses muy difíciles contigo y para ti, pero ayer entendí por qué. Precisamente estás creciendo y ya ves otro tipo de cosas, sabes expresar mejor tus sentimientos y requieres de más cuidado, cariño y apoyo, los cuales estoy dispuesto -como siempre- a darte.
Tú, de alguna manera, siempre me has apoyado y ayudado a mi, aún en tu “pequeño” entender, pero por supuesto sigues siendo una niña a la que hay que cuidar, entender y mimar.
Sigues y seguirás siendo mi pequeña bolita de carne, y como te lo comenté ayer: aún cuando sigan creciendo, tú y tus hermanos serán siempre mis bebés.
Ahora yo tengo que aprender de ustedes cómo tratarlos y cómo ser un mejor padre.
Todo está en nosotros y en decidirnos.
¡Feliz cumpleaños, Marifer!
