…me toca estar en una fiesta con mis hijos. Justo ahora estoy en medio de la misma, divirtiéndome un poco y tratando de no pensar en mi estómago, donde traigo una revolución marca diablo.
De esos casos curiosos, donde me repatea tener que poner cara de enfermo. No me fue posible ni siquiera presentarme al trabajo ni a mis clases, y eso es lo que más me choca.
Pero de los males el menos. Después de una noche para olvidar, por una serie de escalofríos y calor alternados, donde más que dormir pareció que me habían agarrado a golpes a diestra y siniestra, y de una mañana de no poder levantarme de la cama por mareos y náuseas, ya casi estoy listo para la otra.
Por lo menos ya ahorita en la tarde me fue posible levantarme -a insistencia de mis enanos, que querían asistir a la fiesta a como diera lugar- y no me arrepiento.
Honestamente, me duele todo el cuerpo, pero simplemente por estarlos viendo divertirse y jugando ya es más que suficiente para que todo el mal humor y los dolores, si bien no se van, al menos se hagan soportables.
Ya veremos qué nos depara el día de mañana.
