¡Fue horrible!


Sí, como lo pongo. El viernes pasado (Nov. 26), algunos sujetos me hicieron el grandísimo favor de meterse a mi casa.

Es curioso como uno piensa que eso les sucede a los demás, como si uno mismo estuviera exento o tuviera algún privilegio diferente a los de nuestros vecinos, pero como siempre, la realidad supera a la ficción.

Lo que me enciende realmente en esta situación es el tiempo que tomaron para entrar y hacer de las suyas (aprox. 1 hora), la hora a la que lo hicieron (más o menos a las 8:30pm) y el hecho de que -casualmente- nadie de los que estaban fuera vio o escuchó nada. Casualmente, aunque llegaron inclusive a abrir la puerta del frente de mi casa (se colaron por atrás).

¿Que qué se llevaron? Por suerte, nada que no pueda reponerse (bueno, sí, un videocassette MiniDV con un video que había tomado de mis hijos en un evento que nos gustó muchísimo). Por lo demás, lo que más nos dolió fue mi cámara de video (una Sony TRV380 o algo así, no he visto el manual), accesorios de mi esposa (entre ellos unos aretes de oro que nos costaron sangre, sudor y lágrimas), mi mouse (¡háganme el favrón cabor, un inalámbrico, nomás el ladrillito!), la secadora de cabello de mi esposa también, mi anillo de graduación, un scanner viejito (un Logitech Scanman 256, que tampoco sirve sin la tarjeta controladora), una laptop de un primo (que no sé cómo darle la cara) y unos controles de juego (speeepad Nostromo N50 y gamepad Nostromo N45).

Vaya, que desgraciadamente ya no puede confiar uno en nadie. Traigo aún el coraje atravesado. Sé que hay mucha gente que le ha pasado, pero en este caso, “mal de muchos, consuelo de tontos”. No puedo entender el porqué esta “gente” tiene el atrevimiento de tomar cosas que a otros les han costado años de trabajo y esfuerzo, por no hablar del dinero. Por ejemplo, la cámara de video aún la estoy pagando (me quedan 6 meses). Lo que es peor, seguramente al venderla pedirán cualquier cosa, o si se quedan con ella, será solo mientras les dure la novedad, porque no hay manera que sepan las funciones o las conexiones que pueden o deben usar para poder aprovecharla un poco mejor.

Me decía mi suegra, “que Dios los perdone, ya traten de olvidarlo”. Pues sí, que Dios los perdone, porque yo no, jamás. No voy a descansar hasta que encuentre lo que me robaron o a los que lo hicieron. Y si lo consigo, que Dios los proteja igual que lo hizo conmigo.


Acerca de Arturo Barajas

Ingeniero en sistemas por elección, geek por convicción. Fan de la literatura fantástica y de ciencia ficción, de la música rock y de la tecnología en general.

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