Aprovechando que pasó el Día del Niño (el 30 de abril), fuimos a nadar a un lugar llamado “Rancho Alegre” aquí en San Juan del Río, cerca de la Unidad Deportiva.
Por poco no vamos, ya que mi esposa tuvo que trabajar (¡el domingo 1° de Mayo!) debido a ineficiencias -en mi muy particular opinión- del sistema de trabajo de su empresa. En fin, que no es lugar para tirar mala leche. El caso es que había quedado con mi hermano desde la semana anterior que lleváramos a nuestros respectivos vástagos el domingo, dado que el sábado 30 es también aniversario de bodas de mis papás, el cual es tema de otro post.
Lo curioso fue que primero me alborota a mi y a mis hijos, y hasta a mi sobrina. Quedamos de llamarnos al otro día para ver a qué hora nos veíamos. Le llamo. ¡Sorpresa! Bueno, no debería sorprenderme. “No puedo porque tengo mucho que arreglar aquí en la casa”. Bah. Siempre lo mismo. En fin, que le llamé a mi hermana (con la cual de un modo u otro siempre puedo contar) y “sí, vamos, los acompaño”.
Nos la pasamos muy bien. Incluso a mi hijo “sandwich” le di unas pequeñas lecciones de natación para reforzar algo que aprendió hace poco más de un año y medio y ¡en dos patadas ya está nadando! Pasablemente, no es un Ian Thorpe, pero si se dedicara un poco y le gustara, sería un excelente nadador. Es bastante alto para su edad y tiene cuerpo delgado pero de constitución bastante fuerte para sus 7 años.
Uno propone, Dios dispone y llega la mujer y lo descompone. Ni hablar.
