Hoy, saliendo a comer y a recoger a mis hijos, tuve un pequeño accidente. Bueno, fue más bien una contrariedad.
Salí por la puerta “alterna” de mi trabajo y, bajando por la calle entre PPG y Harada, una camioneta de 3.5 toneladas se me vino literalmente encima. Al parecer, el conductor no pudo controlarla y no me vio detenido detrás de su camioneta. El caso es que me hizo “chicharrón” el cofre y el presupuesto para terminar el mes.
No lo culpo, ni a él ni a la empresa para la que trabaja. Son gajes del oficio y ya. Lo mismo me pudo haber pasado a mi (le ha pasado a mi esposa, 🙂 ).
De lo malo, también puedo sacar lo bueno. Resulta que por una módica cantidad extra, voy a tener mi carro, si no como nuevo, al menos sin golpes ni rayones en los lugares donde es más notorio. Incluso, me van a pulir los faros y cambiar la parrilla, que estaba hecha un asco.
Por lo demás, nada que reportar, salvo que dos amables agentes de tránsito se nos acercaron para pedirnos papeles y demás, pero por suerte ya nos habíamos “arreglado” entre el chofer, su empleadora y un servidor, por lo que no fue necesaria ninguna intervención extra de los agentes.
En fin, que fue un día para olvidar (como otros), con la salvedad de que mi carro quedará (espero) bien, y que el hojalatero que me recomendaron realmente se pula y haga las cosas bien.
