Sabemos que nuestros niños de repente se vuelven como nosotros fuimos alguna vez. La cuestión es, ¿cómo hicieron nuestros padres para volvernos -quiero pensar- en gente de bien? Como no hay un manual escrito, de repente me dedico a buscar respuestas, y aquí encontré algo que quiero compartirles (tomado sin permiso de ParentLink y traducido semiliberalmente). Es llamado “10 maneras de castigar efectivamente, sin levantar las manos o la voz“:
- Enfoca el castigo a la acción, y no a la persona.
- Hazlo lógico – por ejemplo, si no pueden estar en casa a la hora prometida, entonces no están listos para la libertad del tiempo no supervisado.
- Hazlo sensible – una lista de tareas en el refri puede salvarte de poner castigos ilógicos cuando estés enojado y te puede ayudar con tu carga de trabajo.
- Que no puedan escapar de él – los “granujas” se basan en reglas mal definidas. Si el castigo parece excesivo después de que te calmaste, hazlo un poco más suave, pero no te contradigas.
- Hazlo notorio – algunas familias se vuelven tan negativas que un castigo extra no se nota.
- Hazlo aceptable – si las reglas y penalizaciones son claras y justas entonces los niños aceptarán las consecuencias más fácilmente.
- Hazlo de manera respetuosa – los insultos o los golpes solo hacen que piensen en venganza y no en remediarlo.
- Hazlo consistente – como decía Plutarco, el gran escritor griego, “la perseverancia prevalece sobre la violencia”.
- Hazlo razonable – dales una razón y en ocasiones tal vez alguna opción sobre cuándo y cómo arreglarán las cosas.
- Hazlo privado – el castigo público le pega al ego y no a la acción, y ellos intentarán “voltear la tortilla” para salvarse.
Hay que pensar en estos detalles. Si tienes algún comentario, por favor déjamelo saber.
¡Saludos y un excelente año!
